Pedro Mora Peris. Presidente de la PTECO2
Pedro Mora Peris es Doctor Ingeniero de Minas y Profesor Titular en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), donde desarrolla su actividad docente e investigadora en la ETSIME. Compagina su labor académica con responsabilidades de alto nivel en el ámbito industrial, como presidente de la Plataforma Tecnológica Española del CO2 (PTECO2), secretario general de MAGES y Director Técnico de Oficemen, lo que refleja una trayectoria sólida y transversal.
A lo largo de su carrera ha desempeñado funciones de representación en diversos organismos nacionales e internacionales, siendo vocal en comisiones como la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo y la Comisión de Seguridad Minera, y representante de España en Cement Europe. Asimismo, es vocal del Comité Ejecutivo de la Confederación Española de las Industrias de las Materias Primas Minerales (PRIMIGEA), patrono de la Fundación Minería y Vida y miembro de diversas comisiones de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).
Cuenta con una destacada producción científica, con 64 artículos, 18 libros y participación en 44 proyectos de investigación, consolidándose como una referencia en ingeniería minera, materiales y sostenibilidad.
La Unión Europea fija 2050 como horizonte para la neutralidad climática. ¿Están España y Andalucía realmente preparadas para cumplir con este ambicioso objetivo en este plazo?
España, y en particular Andalucía, parten de una posición favorable para avanzar hacia la neutralidad climática, gracias a una base sólida en energías renovables, capacidad industrial y conocimiento tecnológico. Existe, por tanto, un tejido que ya avanza de forma sostenida, aunque el reto sigue siendo muy exigente por la inestabilidad geopolítica internacional.
Sin duda, alcanzar este objetivo requerirá de una combinación de todas las soluciones disponibles, entre las que se encuentran el despliegue masivo de energías limpias, la electrificación, la eficiencia energética y el desarrollo de nuevas tecnologías limpias. Debemos ser conscientes de que no existe una única vía, sino un enfoque integral en el que todas las palancas deben activarse de forma coordinada.
En este contexto, las tecnologías CAUC (Captura, transporte, almacenamiento y usos del CO₂) desempeñan un papel clave para abordar las emisiones inherentes a determinados procesos industriales y emisiones de combustión de alta temperatura, llamadas emisiones de difícil abatimiento o hard-to-abate en inglés. El despliegue de las tecnologías CAUC será determinante para alcanzar una transformación profunda en estos ámbitos, por lo que tanto España como Andalucía deben estar preparadas para su desarrollo e integración a escala industrial.
¿Cuáles considera que son los principales retos actuales de la industria en España?
En mi opinión, el principal reto actual es avanzar en la descarbonización de los procesos industriales, o incluso más ampliamente en su desfosilización, sin comprometer la competitividad. Y para lograrlo, se necesita un entorno estable que permita planificar inversiones a largo plazo en tecnologías limpias y en las infraestructuras necesarias, especialmente en sectores industriales estratégicos en España. Además, es fundamental que las compras públicas y privadas requieran productos bajos o neutros en carbono, generando así el mercado necesario para favorecer su desarrollo y adopción.
En los sectores industriales con emisiones difíciles de abatir, este proceso no puede abordarse mediante una única solución tecnológica, sino a través de una combinación de medidas como la eficiencia energética, el uso de combustibles alternativos y la electrificación progresiva de determinados procesos, siempre que sea técnica y económicamente viable.
Aun así, no podemos olvidar que persisten emisiones de proceso que no pueden eliminarse completamente. Es ahí donde las tecnologías CAUC desempeñan un papel clave, al permitir su captura, gestión y almacenamiento o uso. Y para su despliegue a escala industrial es fundamental el apoyo de la Administración, mediante marcos regulatorios claros y mecanismos de incentivo como los contratos por diferencia de carbono o CCfD, que aportan certidumbre económica a las inversiones.
Por ello, el reto no es solo tecnológico, sino también regulatorio y de despliegue industrial, con el objetivo de pasar de proyectos piloto a soluciones plenamente implantadas a escala industrial, con capacidad real de impacto sobre las emisiones sin comprometer la competitividad del tejido productivo.
¿Qué papel juega la colaboración entre plataformas como la PTECO2, empresas y administraciones en el avance del sector industrial?
La colaboración es un elemento clave para avanzar en cualquier ámbito, más aún en uno tan estratégico como el industrial, ya que permite compartir conocimiento, acelerar el aprendizaje tecnológico y reducir incertidumbres. Además, facilita la alineación entre empresas y administraciones, aportando coherencia y estabilidad a las decisiones de inversión.
En el caso de las tecnologías CAUC, esta cooperación es especialmente relevante, al tratarse de soluciones de cadena completa que requieren la implicación de múltiples actores: industrias emisoras, operadores de transporte y almacenamiento, centros tecnológicos y administraciones públicas. De hecho, algunas comunidades autónomas ya han incorporado estas tecnologías en sus estrategias de clima, descarbonización o transición energética, como Andalucía en su ‘Estrategia para una Minería Sostenible en Andalucía a 2030’, lo que refleja su creciente reconocimiento como herramienta de política climática. Estamos refiriéndonos a la necesidad de desarrollo de la infraestructura estratégica de país para abordar la descarbonización industrial.
Este impulso se está trasladando también al ámbito sectorial y tecnológico. La Plataforma Tecnológica Española del CO2 (PTECO2), con 80 miembros y 20 años de trayectoria gracias al apoyo de la Agencia Estatal de Investigación, es un claro ejemplo de ello. Actúa como punto de encuentro entre agentes muy diversos, facilitando la colaboración, la identificación de proyectos y la definición de soluciones comunes que faciliten el despliegue de estas tecnologías a escala industrial.
¿Cómo valora el papel de las políticas europeas en la transición hacia una industria más sostenible? ¿Qué está fallando en el caso español en comparación con otros países europeos?
Considero que las políticas europeas han sido clave para impulsar la descarbonización industrial y consolidar el camino hacia la neutralidad climática, con una apuesta clara por la transformación del modelo industrial. En este contexto, la Net Zero Industry Act (NZIA) establece objetivos para reforzar la capacidad industrial en tecnologías estratégicas, incluyendo el despliegue de infraestructuras de captura y almacenamiento geológico de CO2 a escala europea, con el fin de asegurar su viabilidad como solución estructural.
Este marco común sitúa a los Estados miembros ante la necesidad de acelerar el desarrollo de las tecnologías CAUC. Sin embargo, según el ‘II Barómetro de las tecnologías CAUC 2025’, elaborado por Rud Pedersen para la PTECO2, España se encuentra aún en una fase incipiente en comparación con otros países de la UE, con un avance más lento respecto al año anterior, tanto en la definición de estrategia como en el diseño e implantación de estas infraestructuras estratégicas.
Desde mi punto de vista, el reto principal no es la definición de objetivos, sino la capacidad de ejecución. En el caso español, esto pasa por impulsar proyectos industriales, desarrollar las infraestructuras asociadas y reforzar la estabilidad regulatoria y económica para generar certidumbre inversora, apoyada desde la Administración Pública.
La experiencia de otras tecnologías demuestra que el apoyo público ha sido determinante para su despliegue, un enfoque que vuelve a ser clave en este caso. Aunque España parte de una posición más rezagada, dispone de margen para acelerar su desarrollo y reforzar su posicionamiento en el contexto europeo.
La PTECO2 presenta a las tecnologías CAUC como una pieza clave para la descarbonización. ¿Hasta qué punto podemos afirmar que son imprescindibles —y no solo complementarias— en sectores como el cemento, el acero o el hidrógeno?
En sectores como los mencionados, pero también la química, la magnesia o la cal, por nombrar alguno más, las tecnologías CAUC no son una opción complementaria, sino una herramienta esencial para poder abordar las emisiones de difícil abatimiento. Esto se debe a que una parte importante de esas emisiones está ligada a la propia naturaleza de los procesos industriales, lo que hace que no puedan eliminarse con las tecnologías actuales.
Este papel es especialmente relevante si se tiene en cuenta que la industria representa en torno al 20-25% de las emisiones de CO2 en España, y que dentro de este bloque entre el 55 y el 65% procede de sectores con emisiones de difícil abatimiento, donde la descarbonización total no es viable sin el apoyo de tecnologías de captura y gestión del carbono.
Por eso, el papel de las tecnologías CAUC es estratégico, porque hacen posible avanzar hacia la descarbonización profunda de sectores industriales clave donde las alternativas tecnológicas, por sí solas, no son suficientes para alcanzar la neutralidad climática.
Organizaciones como la que usted preside, son un claro reflejo de un tejido industrial comprometido con los objetivos planteados. ¿Qué tipo de inversiones, transformaciones y esfuerzos concretos están asumiendo hoy las empresas españolas para avanzar en la descarbonización?
Las empresas de nuestro país continúan realizando un esfuerzo significativo para avanzar en la descarbonización, centrando sus estrategias principalmente en la eficiencia energética, la incorporación de energías renovables y la optimización de procesos industriales. A ello se suma la digitalización, que está permitiendo mejorar la gestión de consumos, la monitorización de emisiones y la eficiencia global de las instalaciones.
De forma progresiva, también se están adaptando procesos para el uso de combustibles alternativos y desarrollando proyectos piloto en tecnologías CAUC. Recientemente, el Ministerio de Industria ha hecho pública la resolución provisional de la segunda convocatoria del PERTE de descarbonización industrial, en la que se incluyen tres iniciativas vinculadas a la captura de CO2 en el sector cementero, lo que constituye un primer paso relevante hacia el despliegue industrial de estas tecnologías en sectores especialmente intensivos en emisiones.
A ello se suma el respaldo europeo recibido por proyectos estratégicos como TarraCO2, impulsado por Repsol y seleccionado por la Comisión Europea para recibir 205 millones de euros del Fondo de Innovación de la UE, o COnet2 Sea, promovido por Scale Green Energy, filial de Enagás, que contará con 25,4 millones de euros de financiación europea para desarrollar infraestructuras logísticas de transporte de CO2. Este tipo de iniciativas refleja que España empieza a posicionarse en proyectos de mayor escala vinculados a toda la cadena de valor de las tecnologías CAUC.
Estos avances reflejan el compromiso claro del tejido industrial con la transición, aunque muchas de estas soluciones se encuentran todavía en una fase inicial de desarrollo y escalado. El siguiente reto será consolidarlas a escala industrial, acompañando este proceso con marcos regulatorios y económicos estables que aporten certidumbre a la inversión a largo plazo.
